La ciencia en breve:
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Edición 35

No tan inteligentes como nos creemos
Los seres humanos son muy optimistas en lo que se refiere a su capacidad, de acuerdo con un sumario de las más recientes investigaciones sicológicas sobre el auto conocimiento. El reporte, en esencia, afirma que la gente tiende a pensar de que son mejores de lo realmente son. En el trabajo, ellos sobreestiman su rendimiento laboral. Lo mismo sucede en el área escolar. Y cuando el asunto tiene que ver con la salud, ellos tienden a pensar que la alta presión arterial, los malestares estomacales, el cáncer y otras enfermedades son dolencias que sólo pueden afectar a otras personas. El reporte, publicado en la revista Psychological Science in the Public Interest (La Ciencia Psicológica en el Interés Público) y compilado por investigadores de la Universidad de Cornell, de la Universidad de Stanford y de la Universidad de Iowa, dice que hay un lado negativo en estos errores de creerse lo mejor del mundo. Y es que las personas no toman los pasos necesarios para prevenir o tratar los problemas de salud, los empleados muy comúnmente subestiman el tiempo que les tomará terminar una tarea laboral y los empresarios se sienten demasiado confiados al tomar decisiones de negocios.

Un ojo del pasado
Es muy probable que un niño de apenas 2 años y una mujer de 23, en lo que ahora es el territorio chileno, nunca se imaginaron que al ser momificados le darían tanta alegría un día a William Lloyd, un oftalmólogo de la Universidad de California-Davis. “La oportunidad de analizar dos ojos de momias de la era precolombina es algo muy alentador y fascinante”, dice Lloyd, quien es un experto en oftalmología comparativa. Esas dos personas, cuyos restos fueron luego momificados, padecían de neumonía cuando estaban vivas. El niño también tenía una enfermedad cística en su hígado que heredó de sus padres, y la mujer tenía piojos, una mala dentadura y también osteoporosis. A pesar de todas esas características de estas dos momias sudamericanas, lo que le interesa a Lloyd es conocer más sobre ellos al examinar sus ojos. La mayoría de las momias halladas tienen sus ojos en buenas condiciones, y al analizarlos, dice Lloyd, “esperamos determinar si su patología sugiere la presencia de algunas de las enfermedades consideradas como modernas, como por ejemplo la diabetes o una alta presión arterial. Los ojos, dice este experto, también pueden indicar el padecimiento de varios tipos de cáncer, deficiencias nutricionales, el síndrome de alcohol en el feto y signos tempranos de infección por el virus VIH.

Póngase bien molesto, en lugar de tener miedo
La ira, al parecer, es mejor para el organismo humano que el miedo, de acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Carnegie Mellon, la Universidad de California en Los Angeles y la Universidad de Pittsburgh. Eso no quiere decir que molestarse es equivalente a, digamos, comer vegetales. Pero lo cierto es que si la vida nos da a escoger a la hora de reaccionar ante una situación de estrés, es mejor escoger la ira que el miedo. Los investigadores advierten, sin embargo, que ellos no se refieren a la ira crónica, la cual pudiera ciertamente contribuir a las enfermedades del corazón y a la hipertensión. “Estamos mostrando por primera vez que cuando uno se encuentra en una situación que justifica la ira y en la cual molestarse y sentirse indignado es una reacción válida, ponerse airado no es nada malo para su salud”, dice Jennifer Lerner, una profesora asociada de psicología de la Universidad de Carnegie Mellon y quien es además la principal autora de este estudio, que fue publicado en la edición de noviembre de la revista Biological Psychiatry (Psiquiatría Biológica). Lerner y sus colegas investigadores analizaron las expresiones faciales de 92 personas en el momento en que ellas reaccionaban ante situaciones creadas artificialmente. Ellos también midieron varias reacciones fisiológicas tales como el ritmo del pulso, el ritmo del corazón y la presión arterial, y hallaron que el estrés, y no la ira, era más perjudicial para el organismo.

Mosquitos asesinos
Se conoce como el parásito Plasmodium, y al ser portado por mosquitos, es capaz de infectar cada año con malaria a entre 350 millones y 500 millones de personas. Y de toda esa cantidad, más de un millón muere a causa de esta enfermedad. Los mosquitos son inmunes a la malaria porque cuentan con un gen protector que evita que estos insectos se enfermen. Pero ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Johns Hopkins, la Universidad de Texas y el Colegio Imperial de Londres han logrado identificar ese gen. Ellos también han determinado que al manipular el gen se puede controlar, al menos hasta cierto punto, la resistencia del mosquito ante ese parásito. La esperanza de ellos es que este estudio, publicado en la página de Web de Proceedings of the National Academy of Sciences (Archivos de l a Academia Nacional de las Ciencias), traerá consigo la obtención de recursos médicos más eficientes para controlar la malaria. “Estos resultados brindan una nueva visión de cómo los mosquitos se defienden del parásito que provoca la malaria. Es necesario seguir investigando en este campo, pero estamos pensando aplicar este conocimiento en el desarrollo de nuevos tratamientos para contrarrestar la enfermedad”, dijo Marcelo Jacobs-Lorena, coautor de la investigación y profesor de biología molecular en Johns Hopkins.

Protección para los manglares
Resulta que los manglares fueron una barrera esencial de defensa contra los maremotos del pasado año en las zonas costeras de Asia. Un estudio realizado por un equipo de investigadores procedentes de siete países y publicado en la revista Science (Ciencia) halló que las áreas protegidas por bosques situados cerca de la costa en el Distrito de Cuddalore, en la parte sureste de la India, sufrió mucho menos daños que las áreas que no contaban con una barrera protectora de árboles. “El maremoto dejó una horrible tragedia humana tras su paso, pero también nos dio algunas lecciones”, dijo Faizal Parish, coautor de la investigación y director del Centro para el Medio Ambiente Global, localizado en Malasia. “Entre ellas se encuentra la tremenda importancia de los manglares, que son uno de los ecosistemas tropicales más amenazados en el mundo”. El estudio afirma que 30 árboles por cada 100 metros cuadrados pueden reducir el flujo máximo de un maremoto en más de un 90 por ciento. Los autores del estudio dicen que probablemente los manglares no hubieran sido de mucha ayuda en las áreas en que el maremoto fue más intenso, pero tuvieron una influencia muy positiva en los efectos de ese fenómeno en las regiones en las que el impacto fue menor. De tal manera, los manglares podrían brindar el mismo tipo de protección ante tormentas que azoten otras zonas costeras, como por ejemplo en el caso de huracanes. “Al igual que la degradación de los pantanos en Louisiana incrementó los efectos destructivos del huracán Katrina, la destrucción de los manglares en la India propició que fueran mayores los destrozos provocados por el maremoto”, dijo Neil Burgess, un especialista en conservación de la organización World Wildlife Fund (Fondo Mundial para la Flora y Fauna Silvestre).

En el cesto de basura de la evolución
Hay una lección que aprender del hongo asexual conocido con el nombre científico de Penicillium marneffei, de acuerdo con investigadores del Colegio Imperial de Londres. Y esa lección es muy simple: la abstinencia tiene altas probabilidades de llevar a la extinción. El Penicillium marneffei, que causa una enfermedad en personas que tienen su sistema inmunológico dañado, se encuentra en un área limitada del sureste de Asia, y no se adapta bien en otros ambientes biológicos. Mat Fisher, quien fue el autor de un ensayo científico sobre ese hongo publicado en la revista PLoS Pathogens (Patógenos), dijo que esa planta no se adapta bien en otras regiones debido a la falta de “producción sexual”, la cual es necesaria para mezclar el conjunto genético de una manera que ayuda a los organismos a adaptarse al ambiente en que viven. “Al ser asexual, el P. marneffei no sólo está limitando su habilidad de adaptarse, sino que corre el riesgo de extinguirse”, dijo Bill Hanage, coautor de la investigación. “En tanto convertirse en asexual puede brindar ventajas a corto plazo en las especies, a largo plazo pueden verse en el cesto de basura del proceso de evolución”.

Un buen ojo para el color
La antigua batalla entre la naturaleza y la crianza, que comúnmente se aplica al temperamento y al comportamiento humano ha entrado en una nueva frontera: el ojo. Investigadores de la Universidad de Rochester y de la Universidad de Wisconsin han hallado que la manera en cómo detectamos el color está tan relacionado con el condicionamiento como con el propio ojo. “Hemos demostrado que la percepción del color va mucho más allá de los componentes fisiológicos del ojo”, dice David Williams, director del Centro de Ciencias Visuales de la Universidad de Rochester. Williams y su equipo de investigadores, quienes publicaron sus conclusiones en la revista Neuroscience (Neurociencia), le pidieron a 10 personas escoger el más “amarillo de los amarillos” en la pantalla de una computadora y cada uno de ellos escogió esencialmente el mismo tono. Sin embargo, cuando los investigadores usaron una tecnología basada en rayo láser para determinar conos de colores en la parte interior de sus ojos, ellos hallaron una amplia variación en el número de receptores que cada una de esas personas tenía para el color amarillo. “El color está definido por nuestra experiencia en el mundo, y en tanto todos compartimos el mismo mundo, todos tenemos una misma definición de los colores”, dijo Williams.